Dicen que las balas no se sienten llegar, ni se ven, ni tampoco se oyen... tan sólo son un golpe inesperado seguido de un estadillo que se siente doble: el de fuera y el de dentro.
El que tiene lugar en el interior es el peor, y el más difícil de sobrevivir ya que es el que provoca el romperse en mil pedazos, rebotando en todos y cada uno de los huesos.
Dicen también que cuando el metal rompe un hueso, la metralla multiplica por mil sus efectos devastadores.
Mañana volveré a España, volveré a mi vida, y otra vez me olvidaré de la parte cruel que ha conllevado volver a visitar París.
Sin embargo, está vez es diferente y definitiva. Como no se puede tener todo, tendré lo que me venga en gana. 