Kit Kat o Petazeta (2ª parte)
En noviembre de 2005 conocí a I. Fue un día que me encontré con una chica de mi clase, y en ésto que entró su primo con sus amigos, y no sé cómo, pero acabamos presentándonos todos, por educación. I y yo, apenas cruzamos un par de palabras, pero no sé por qué, supe que con lo pésima que soy para recordar los nombres, el suyo jamás se me iba a olvidar.
Y en febrero de 2006 fue cuando decidí que Petazeta salía de mi vida, por mis ovarios, y con un cactus de regalo (es decir todas las espinas que me había clavado durante tantos años).
Desde entonces hasta finales de junio, me sumí en una especie de temporada extraña, en la que me lo pasé pipa, pensé demasiado, reí como nunca, conocí mucha gente, y también lloré mucho...
No sabeis lo duro que es querer llamar a alguien y decirle "Te perdono. Te perdono aunque tú no sepas qué has hecho mal, o lo sepas y pases de reconocerlo y llamarme", pero hice de mi orgullo, mi propia religión, y ésta me lo prohibía...
Mi conciencia me gritaba "nena, quien quiera peces... que se moje el culo"
Yo había estado demasiado tiempo en un charco sin pescar ni un renacuajo, así que debía ser que allí no había peces, entonces ¿por qué seguir? Y sé que hice bien.
Llegó julio, y una noche cuando volvía a casa con una amiga, me encontré con I. Increiblemente él también se acordaba de mi. Total que mi amiga y yo acabamos de fiesta con él y sus amigos. Aunque hasta cierta hora, ya que yo estaba muelta de cansancio, y decidí irme a casa.
I. recuerdo que insistió en acompañarme hasta casa, porque decía que una señorita no podía irse sola...yo insistía en que no era necesario, aunque me alagó mucho el simple hecho de que se ofreciera.
Finalmente me acompañó. Durante el camino estuvimos disfrutando de una simpática conversación, e incluso una vez llegamos hasta el portal de mi casa, nos sentamos en un banco y se nos hizo de día hablando y hablando. menos mal que yo estaba moliita perdía que si no
...pero logicamente, no nos podíamos quedar allí toda la mañana, así que llego el momento de la despedida, momento en que él aprovechó para pedirme mi número de teléfono...
Durante las 3 semanas siguientes, no supe nada de él.
Recuerdo que la primera deseé con todas mis fuerzas que me llamase, la segunda descarté la idea de llamarle yo a él, y la tercera, desistí en hacerme ilusiones con que él lo fuera a hacer. No hacía más que repetirme... ¿por qué alguien te pide el número de teléfono si luego no lo va a utilizar?
Y justo, de repente, sonó mi móvil... ¡ERA Él!
No recuerdo día que haya saltado tanto de tanta alegría.
Empezamos a salir a lo tonto, en plan a tomar cafés y acabé viendo los fuegos artificiales en sus ojos.
I. era (y es) un cielo. me lo pasaba genial con él, e incluso lograba hacerme de reir como hacia tiempo nadie lograba. Y lo mejor, estando con él se me olvidaban todos mis quebraderos de cabeza.
Poco a poco me fui dando cuenta de que me encantaba quedar con él, que el día que no sabía de él, me daba un patatus esperando a que sonara el teléfono... y si me miraba me entraba semajante escalofrío...
Me gustaba mucho, pero éramos solo amigos.
Yo no sabía si él sentía lo mismo que yo, y yo no estaba preparada para decírselo y llevarme otro varapalo...
Pero una noche viendo los fuegos artificiales, me miró, me cogió la mano, y me dijo que él no le podía pedir nada más a la vida en ese momento: estar conmigo y ver las estrellas juntos.... y justo ahí, me dio el beso más dulce que jamás hayan probado mis labios...
Y justo de repente, Petazeta decidió reaparecer en mi vida.
Continuará...
IZAIA
Y en febrero de 2006 fue cuando decidí que Petazeta salía de mi vida, por mis ovarios, y con un cactus de regalo (es decir todas las espinas que me había clavado durante tantos años).

Desde entonces hasta finales de junio, me sumí en una especie de temporada extraña, en la que me lo pasé pipa, pensé demasiado, reí como nunca, conocí mucha gente, y también lloré mucho...
No sabeis lo duro que es querer llamar a alguien y decirle "Te perdono. Te perdono aunque tú no sepas qué has hecho mal, o lo sepas y pases de reconocerlo y llamarme", pero hice de mi orgullo, mi propia religión, y ésta me lo prohibía...
Mi conciencia me gritaba "nena, quien quiera peces... que se moje el culo"
Yo había estado demasiado tiempo en un charco sin pescar ni un renacuajo, así que debía ser que allí no había peces, entonces ¿por qué seguir? Y sé que hice bien.
Llegó julio, y una noche cuando volvía a casa con una amiga, me encontré con I. Increiblemente él también se acordaba de mi. Total que mi amiga y yo acabamos de fiesta con él y sus amigos. Aunque hasta cierta hora, ya que yo estaba muelta de cansancio, y decidí irme a casa.
I. recuerdo que insistió en acompañarme hasta casa, porque decía que una señorita no podía irse sola...yo insistía en que no era necesario, aunque me alagó mucho el simple hecho de que se ofreciera.
Finalmente me acompañó. Durante el camino estuvimos disfrutando de una simpática conversación, e incluso una vez llegamos hasta el portal de mi casa, nos sentamos en un banco y se nos hizo de día hablando y hablando. menos mal que yo estaba moliita perdía que si no
...pero logicamente, no nos podíamos quedar allí toda la mañana, así que llego el momento de la despedida, momento en que él aprovechó para pedirme mi número de teléfono...
Durante las 3 semanas siguientes, no supe nada de él.
Recuerdo que la primera deseé con todas mis fuerzas que me llamase, la segunda descarté la idea de llamarle yo a él, y la tercera, desistí en hacerme ilusiones con que él lo fuera a hacer. No hacía más que repetirme... ¿por qué alguien te pide el número de teléfono si luego no lo va a utilizar?
Y justo, de repente, sonó mi móvil... ¡ERA Él!
No recuerdo día que haya saltado tanto de tanta alegría.
Empezamos a salir a lo tonto, en plan a tomar cafés y acabé viendo los fuegos artificiales en sus ojos.
I. era (y es) un cielo. me lo pasaba genial con él, e incluso lograba hacerme de reir como hacia tiempo nadie lograba. Y lo mejor, estando con él se me olvidaban todos mis quebraderos de cabeza.
Poco a poco me fui dando cuenta de que me encantaba quedar con él, que el día que no sabía de él, me daba un patatus esperando a que sonara el teléfono... y si me miraba me entraba semajante escalofrío...
Me gustaba mucho, pero éramos solo amigos.
Yo no sabía si él sentía lo mismo que yo, y yo no estaba preparada para decírselo y llevarme otro varapalo...
Pero una noche viendo los fuegos artificiales, me miró, me cogió la mano, y me dijo que él no le podía pedir nada más a la vida en ese momento: estar conmigo y ver las estrellas juntos.... y justo ahí, me dio el beso más dulce que jamás hayan probado mis labios...
Y justo de repente, Petazeta decidió reaparecer en mi vida.
Continuará...
IZAIA

