Y direis, "POR QUÉ?" o " A ESTA TÍA SE LE VA CADA DÍA MÁS LA OLLA!!". Pues puede que si puede que no el caso es que después de este insípido fin de semana, en el que no he dejado de hacer trabajos para la uni, y parece ya mentira que acabemos de empezar, pues he decidido hablar, mejor dicho reflexionar sobre algo sobre lo que seguramente pocas mentes hacen reflexiones. llamemosle a este post HIMNO AL CHICLE.
Los chicles se mastican normalmente sin ganas.
Rara es la vez en la que si alguien te ofrece un chicle le digas que no. Además suele venir nuestra respuesta acompañada de "¿De qué es?" o "¿Tienes de menta?"
Total, no pierdes nada por aceptarlo. Lo masticas, haces pompitas, lo estiras, lo pasas de un moflete a otro, lo vuelves a masticar.
Pero al chicle se le va el sabor prontito, y después pasas irremediablemente a la fase en la que lo que estás mordiendo ha reducido considerablemente su tamaño y no sabe a nada y además está duro y asqueroso. Entonces ¿por qué lo sigues masticando?
IZAIA